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Jonathon, el héroe.
Por Onslow.
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La casa de los McCollough era una algarabía, como de costumbre. Sarah y Rachel gritaban y chillaban a todo volumen, muy emocionadas por la fiesta a la que asistirían, mientras Angela las perseguía, quejándose en voz alta todo el tiempo que no era su trabajo ocuparse de las pequeñas y que se le haría tarde para su cita. La Sra. McCollough trataba de ignorar el ruido y los gritos mientras se concentraba en la conversación por teléfono. Jonathon la observaba atentamente. Ella le había prometido que esa noche, tan pronto hubiera dejado a las gemelas en la casa de su amiguita, ella volvería directo a casa y pasaría la tarde con el. Jonathon no quería pasar por cínico, pero siempre tomaba esas promesas de su madre con una pizca de sal. Y a juzgar por la manera en que avanzaba la conversación, empezaba a pensar que seria bueno hacerlo así. Otra vez.
"Realmente, Geraldine, es muy poco tiempo. Si solo me hubieras dado unos pocos días...".
Hubo una pausa mientras la persona al otro lado de la linea daba sus razones, y, por la expresión del rostro de su madre, lo hacia duramente.
"Si, comprendo eso, Geraldine, querida, pero verás..."
Una vez mas, ella escuchó.
Jonathon se dio la vuelta. El resultado era inevitable.
Angela había logrado meter a las niñitas en sus ropas de fiesta y calmarse un poco.
Aunque se quejaba constantemente de tener que ocuparse de sus hermanas pequeñas, la verdad era que lo hacía bastante bien. Mientras Jonathon caminaba hacia donde las niñas permanecian, esperando a su madre, Angela lo miró y sonrió, casi desesperada.
"Jonathon, por favor, podrías cuidarlas un rato mientras me cambio? Casey estará aquí en cualquier momento y si tengo que esperar que mamá..."
Jonathon movió la cabeza a un lado y consideró cuidadosamente la petición de su hermana mayor por unos instantes. Aunque a los catorce era, a sus ojos, casi adulta, no era tan mayor que el, que no pudieran hacer un trato. Era solo una cuestión de ver que tanto podía ceder. "Bastante", pensó Jonathon.
"Tal vez..." dijo.
"Vamos, Jonny, solo esta vez."
Jonathon sonrió, ella nunca lo llamaba así, a menos que estuviera desesperada. La tenia. Justo entonces, la Sra. McCollough entró al cuarto.
"Angela, querida, ¿podrías hacerme un favor? Era Geraldine, la Sra. Gray la del teléfono. Le fallaron y acepté darle una mano con la comida en la fiesta. No debería tardar mucho, pero, ¿podrías estar aquí un rato y echarle un ojo a Jonathon mientras estoy fuera?"
"Pero, mamá..."
"Ya se que se suponía que ibas a salir con Casey hoy, pero, ¿solo por una hora o dos? Eres un ángel." Guió a las niñas al frente de ella y se apresuró a la puerta, no dando ni a su hijo ni a su hija mayor tiempo para objetar.
Angela miró ferozmente a Jonathon. El le devolvió la mirada, esperando. Angela apenas había abierto la boca para hablar cuando el timbre de la puerta sonó.
"Ese debe ser Casey." Dijo Angela, sonando frustrada. Habló otra vez, casi rogando.
"Mira, solamente piérdete hasta que mamá vuelva. Si no podemos salir, al menos podemos pasar un día tranquilo, a solas."
Y se volvió para abrir la puerta antes de que Jonathon pudiera responder.
Casey no era bien parecido, pensó Jonathon críticamente. Sus brazos, piernas y cuello eran todos muy largos y sus ropas colgaban de el como de un espantapájaros, y su cara se veía como un campo de volcanes en miniatura. Jonathon torció la cara de disgusto cuando su hermana se lanzo a los brazos del lastimoso casi hombre. No tendría problemas en dejarlos solos, no tenía deseos de verlos mas embobados de lo que ya estaban.
"Cas, lo siento." Dijo Angela, después de separarse para respirar. "Tengo que vigilar a este rapaz por un rato, al menos una hora o dos."
"Pero la película empieza en menos de 50 minutos. ¿No puede cuidarse solo por una vez?"
"¡Oh, vamos!¡No puede quedarse solo cinco minutos sin meterse en problemas! Solo mira lo que paso el año pasado con la casita del árbol."
En ese punto, Jonathon, la cara ensombrecida a la mención de la palabra "rapaz", rompió el silencio.
"¡Váyanse a ver la película. De cualquier manera prefiero no tener que verlos mientras se miran como idiotas uno al otro. Me hacen sentir enfermo!
Y con eso, corrió por el pasillo, hacia la puerta de atrás. Casey hizo el ademán de perseguirlo, pero Angela tomó su brazo y lo retuvo, mientras trataba de llamar dulcemente a su hermano.
"Jon. Oh, Jonny."
Jonathon la escuchó llamándolo, pero la ignoró, mientras cruzaba la puerta y torcía inmediatamente en ángulo recto a la izquierda, entrando a la cochera.
La cochera de los McCollough nunca había visto un carro. En vez de eso, era una especie de combinación entre almacén y depósito de chatarra. Tumba de artefactos averiados y juguetes difuntos, algunos olvidados por los anteriores ocupantes de la casa y dejados a los McCollough para ser desechados. O no.
A Jonathon le encantaba la cochera, el olor de tela y cartón ligeramente húmedos mezclados con el vago y desvanecido olor de aceite y combustible derramado. Y especialmente los hallazgos de tesoros de memorias y sorpresas, cuya existencia, en su mayoría, era desconocida para su madre. Jonathon había encontrado una vez, escondidos en una caja, regimientos enteros de soldados de plástico verde, de cada guerra concebible. Desafortunadamente, los soldados ya no existían, masticados por el perro, masticados por el chico o simplemente perdidos, pero habían provisto un sombrío entretenimiento a través de lo que hubiera sido un largo y aburrido invierno. Esperando mas de esos hallazgos, Jonathon decidió revisar la cochera, como había revisado y vuelto a revisar cada caja, bolsa y bulto incontables veces antes.
Jonathon pronto olvidó su molestia y perdió la noción del tiempo mientras revisaba la vieja chatarra apilada en la atestada cochera. No vio cuando su hermana introdujo cautelosamente la cabeza, junto al borde de la puerta, ni vio su sonrisa de satisfacción al verlo en silencio y, al parecer, permanentemente ocupado entre la chatarra. Cerró silenciosamente la puerta y regresó a lo que estaba haciendo, sabiendo que Jonathon estaba seguro y sin meterse en problemas.
Casi tan pronto como ella hubo cerrado la puerta, Jonathon encontró su vieja bicicleta. Habia sido una buena bicicleta, aunque ahora era demasiado chica para el. Jonathon sabia que se suponía que no debía salir, pero un rápido paseo camino arriba y vuelta realmente no contaría como salir, y seria bueno ver si su vieja bicicleta aún funcionaba. Podría decir que la estaba probando para Rachel y Sarah. Ellas necesitarían bicicletas pronto. Así que Jonathon decidió que llevaría la bicicleta al final del camino, cerca del viejo tajo para las vías del tren. Pero no hasta las vías, oh, no, solo hasta el final y de vuelta.
El viejo tajo para las vías era como un ancho valle en miniatura, con fondo plano. Las empinadas paredes mantenían el fondo fresco aun en los mas tórridos veranos y los tupidos grupos de arboles mantenían casi a cualquier persistente aire bajo control. Salvo por el ocasional caminante o recolector de moras, era exclusivamente un lugar para chicos y las numerosas pistas que entrecruzaban la base del pequeño valle eran invariablemente hechas por chicos. Las pistas cruzaban y recruzaban los fósiles medio enterrados de la antiguamente desaparecida vía del tren. Jonathon disfrutaba mucho lanzarse a lo largo de las retorcidas pistas, y disfrutaba aún mas los ocasionales errores que hacían saltar su bicicleta al aire al lanzarse del borde de un largamente enterrado y podrido durmiente del ferrocarril. Una ves que la última casa hubiera sido pasada, el tajo corría a través de tierras de cultivo y bosques silvestres. Jonathon podía hacer tanto ruido como quisiera, sin nadie que se quejara de eso.